3 meses y medio en Nueva Zelanda: han pasado volando!!!!

Hace 3 meses y medio que llegué a este bonito país y ya me quedan menos de 24 horas para marcharme. Como pasa el tiempo, es de locos o no?

Vine con dos objetivos principales: conocer el país de cabo a rabo y aprovechar una oportunidad profesional que el bendito de mi jefe en Bruselas me había conseguido.

He vivido durante 3 meses en un hostel, compartiendo habitación. Y pese a que en algún momento me planteé si sería capaz de aguantar en esas condiciones, he de decir que me ha encantado. He tenido la oportunidad de charlar con gente de países muy diferentes, culturas diversas y con distintas razones para estar viviendo entre 4 paredes, con pocas ventanas, cuartos de baños limitados y cocinas que brillaban por la ausencia de limpieza.

He paseado mucho por Wellington, me he dedicado al noble arte de brunchear los fines de semana y me he creado una adicción al deporte como hacía tiempo que no recordaba. He conocido la mitad de los restaurantes de la capital, he corrido mucho por el paseo marítimo, con dolores de rodillas pero feliz de oler el mar. He conocido a gente maravillosa, he hecho amigas divertidas que se han preocupado por mi y han hecho mi estancia aún mejor. Me ha dado por la comida sana, las tiendas orgánicas y las semillas de chía.

He sido feliz, echando de menos lo que tengo en Bélgica y en España, y he aprendido a valorarlo aún más. Ahora más que nunca puedo decir que Bruselas está al lado de Málaga, y que esto si que está lejos.

He aprendido de la cultura y de la breve historia de Nueva Zelanda. He aprendido a amar más y mejor a los animales. A respetar profesiones tan importantes como la de los granjeros y ganaderos. A nivel laboral, he realizado un trabajo muy bonito y del que me siento orgullosa, he trabajado con personas que sienten verdadera pasión por lo que hacen y me han contagiado de su buen hacer.

He sido feliz, viajando en mis fines de semana por la isla norte, en Coromandel, en la isla de Waiheke, en Auckland, en Napier, Rotorua, Tongariro o Wairapapa. Conociendo pueblos, haciendo caminatas o degustando vinos. Disfruté muy mucho de mis dos semanas viajando por la isla sur en caravana con María.

He intentado sacar lo mejor de mi, de ponerlo todo sobre la mesa. Es algo bastante curioso, tener a todo el mundo lejos encontrarte en “soledad” (pero la de la buena) puede sacar de ti lo mejor o lo peor. Y yo, en este caso, he intentado ser la mejor versión de mi misma y concentrarme en mis objetivos.

Ahora toca volver a casa, a un nuevo hogar, otro proyecto, otra aventura. La vida cada vez se plantea más interesante. Me encanta!

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10k- Wellington. Mi primera carrera

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Escribo esta entrada porque estoy de subidón. Ayer, 22 de Junio de 2014, conseguí uno de los objetivos del año 2014, esa lista que nunca escribo pero que siempre está en mi cabeza.

Me considero deportista, bueno a medias. Me gusta practicar deporte pero no soy un hacha en nada, ni siquiera lo era cuando jugaba al baloncesto pues la mitad de los partidos me los pasaba en el banquillo. Pero soy bastante cabezona, una cualidad que a veces puede ser positiva, y en este caso lo es pues hace que no me achante y no me de por vencida.

Empecé a correr sobre febrero del 2014. Lo había intentado otras veces pero sin mucho ímpetu, ahora que pienso, en el 2012 ya le dí un par de vueltas a los lagos de Flagey, cuando nevaba, porque había visto un capitulo de Sex and the City y pensaba que ir muy mona y abrigada con lanas era lo mas, vaya equivocación!

Pero la fiebre del running está de moda y a mi que me gusta ser trendy, me cautivó. Hacía mucho que seguía el blog de Cristina Mitre y aunque yo insistía en que lo mío eran las sesiones de spinning en el gimnasio, decidí que era hora de intentarlo.

Otro factor fue tener a mi amigo Caco en Bruselas, a él le había entrado la fiebre un poco antes que a mi con los mismos prejuicios de que correr no era para él, y al final le cautivó. Mi amiga Blanca, la mayor deportista de todos los tiempos en cuanto a intentar cualquier disciplina, también le daba a la zapatilla. Los dos me dieron en gran empujón.

Los inicios fueron duros, pero como esta vez tenía que conseguirlo, lo hice todo con cabeza. Siendo consciente de que mis rodillas no están perfectas, acudí al traumatólogo que me recomendó una rodillera que se ha convertido en parte inseparable en los entrenos y algunos ejercicios. Ya estaba preparada.

Empecé poco a poco, con mucha calma. 3 Km., 4 Km., 5 Km… y ahí me quede un poco estancada. A los 5 Km. ya empezaba a salir con Caco, el bueno de él reducía su velocidad para ir a mi lado y motivarme, me decía que iba genial, que estaba mejorando. A su lado notaba como me hacía fuerte y me empujaba a no parar, a dar un poco más de mí. El salto a los 7 Km. fue en Abril, justo antes de venirme a Nueva Zelanda, y también con él, en el que seria nuestro último entreno antes de mi traslado a Wellington. Con esfuerzo y dedicación estaba consiguiéndolo.

Ya en Bruselas, tenía en mente participar en alguna carrera, pues es lo que más motiva a la hora de entrenar. Cuando supe mi traslado y fechas no dudé en buscar una carrera que pudiera realizar, y por fechas y distancia me cuadró la de Wellington. También tenía claro que colaboraría con la fundación Unoentrecienmil que lucha por la leucemia infantil para que así mis Km. contaran.

En Wellington he entrenado, aunque las rodillas, la planta del pie derecho y algún resfriado fuerte ha parado mis entrenos en algunos momentos. Pero nunca he desistido, siempre he intentado ir a mas y combinarlo con otros deportes.

Que importante es trabajar el core, Blanca siempre me lo decía y he tenido que probarlo para darle la razón, como a todo. Dos meses trabajándolo y noto mi cuerpo diferente, sin tabletita, pero más duro, con más fuerza. Empiezo a conocer mis puntos fuertes y mis puntos débiles. Y a partir de ahí es cuando sabes por donde puedes mejorar. También hago body attack que son ejercicios de cardio en intervalos. Y yoga, con lo aburrido que me parecía. Es como todo, busca el instructor con el que conectes y a trabajar, además es que es buenísimo para estirar y para aumentar la elasticidad, y me deja nueva y relajada.

Ayer fue un día importante. Un día cargado de emociones. Salí de casa y aunque pensaba coger el autobús gratuito para llegar al estadio, termine caminando los 2 Km. Buen ambiente, mucha gente en mi misma dirección. El día es frío, pues en Wellington estamos en otoño, un poco de viento al que le tenía pánico y una nubes bastante feas.

Llegué al estadio con tiempo, para soltar mi bolsa, empezar el calentamiento y ponerme en la línea de salida. Que de gente, y que de niños que corrían 10 Km.

Empieza la carrera. Yo llevaba mi ipod con música, un casco puesto y el otro no, para saborear el ambiente, que por desgracia era bastante escaso. Eché de menos gente animando y bandas de música.

El primer Km. me pareció complicado, es cuando me entran algunas dudas y miedos, pero se pasan pronto, cuando va desapareciendo el mogollón de gente y encuentras tu ritmo, tus referencias y ya solo corres y disfrutas. Los maratonianos venían de vuelta por el carril de al lado, los mas rápidos, ágiles y estilizados, una delicia para los ojos. A mi lado me pasaban niños corriendo, hombres de avanzada edad que hacían mi misma distancia caminando a la misma velocidad que yo. Pero yo no competía con nadie, mi objetivo era disfrutar y acabar, demostrarme a mi misma que soy capaz y de que esto solo es el principio.

Hasta el Km. 7 todo fue genial, exceptuando el avituallamiento, se me olvidó entrenar eso de beber y correr y casi me ahogo, nada grave. Mi miedo asomaba de nuevo en el Km. 8 pues era la distancia máxima que había entrenado y mis rodillas empezaban a quejarse. Pero mentalmente estaba fuerte y feliz. Cada vez más emocionada.

La carrera fue en terreno llano, todavía no se como responderían mis rodillas con muchas cuestas, y es pronto para probarlo. Pero el ultimo Km. hubo una cuestecita de unos 300 Mt. en las que juré en arameo. Pero allí estaba, después de esa cuesta, los últimos 200 Mt. que me llevarían a la meta.

Crucé la meta y rompí a llorar. Lo había conseguido, por mi misma y yo sola. Eché en falta abrazar a alguien, pero sabía que lejos estaban mis amigos y familia apoyándome y confiando en mi.

Fue uno de los días mas felices de mi vida.

Ahora quiero seguir entrenando y mejorando. No tengo prisa, ni objetivos imposibles. Quiero seguir disfrutando de este deporte y de las mágicas endorfinas.

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En furgo por la isla sur de Nueva Zelanda (1)

Ya estoy en Nueva Zelanda, el país que me acogerá durante tres meses.

Como sabréis, he estado dos semanas viajando en furgoneta. Esta vez y gracias a los regalos de buenos amigos que me conocen, he escrito mi diario de viaje, que paso a transcribiros. Espero que se os haga entretenido y si alguna vez tenéis la ocasión de hacer este viaje, os sirva de guía para orientaros.

15 Abril: Tras dos días de vuelos interminables y escalas infinitas, me encuentro en Nueva Zelanda. Una primera noche en Wellington y otros dos vuelos para comenzar la primera parte de mi aventura: hacer un road trip por la isla sur en furgoneta. Cosas del azar o de las nuevas tecnologías, estoy con María, mi amiga, ya no solo virtual, con la que me lanzo a la carretera. Recogemos la furgo en Queenstown y al súper a llenar la nevera. Hacemos unos cuantos kms. y a comer en frente del lago Wakatipu, en un área de descanso ideal con unas vistas espectaculares. La idea es conducir hasta pasado el lago de Te Anau, una vez ya comenzada la Milford Sound track. El camino es tranquilo. Los primeros kms. bordeamos el lago y a medida que avanzamos el paisaje cambia a valles poblados de animales de granja. Llueve, pero no nos importa. Anochece sobre las 19.00, pero seguimos en la carretera buscando un camping del DOC (departamento de conservación) que básicamente lo que tiene son unos servicios y una mesa de picnic.

Nuestra caravana es nuestro hogar y la tratamos con mimo. La ordenamos, organizamos y a cenar. Revisar el itinerario de mañana. La aventura, acaba de comenzar.

Kms.: Queenstown- Te Anau:177 kms. Te Anau- Camping: 51 kms.

16 Abril: Estoy molida. Nos hemos levantado a las 5.30 para hacer un par de caminatas antes de llegar a Milford, pero nos topamos con la sorpresa de que no amanece hasta las 7.00 por lo que finalmente salimos más tarde. El camino es muy bonito, especialmente cuando las nubes juegan con las montañas y los primeros rayos de sol, de estampa. Para Milford contratamos una excursión en kayak. Alucinante encontrarse ante tal magnificencia de la naturaleza en un pequeño bote donde te sientes insignificante. El tiempo está de nuestro lado y brilla el sol dando paso a un cielo muy azul. Remar es duro, nos cuesta, incluso nuestro instructor tira de nosotras en las zonas de corriente; aún así nosotras damos lo mejor de nosotras mismas y disfrutamos como enanas. Nos acercamos muchísimo a una catarata de 167 mts. y un delfín nos sorprendió al lado nuestra, un a foca descansaba en una roca y unos pájaros preciosos piaban. Tras más de 4 h., volvemos a tierra firme, nos colamos en un camping a ducharnos y a coger la furgo. La vuelta la tomamos con más calma. caminata a The Chasm, Mirrow lakes y fotos al Lake Guun. Cuando llegamos al lago Te Anau, nos vemos valientes y no muy convencidas para quedarnos allí por lo que cogemos carretera para parar en Kingston, a orillas del lago Wakatipu. El camino se hace largo y el viento es muy fuerte, pero aparentemente el sitio merece la pena. Al llegar de noche lo descubriremos por la mañana.

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Kms.: Camping- Milford: 147 kms. Milford- Te Anau: 198 kms. Te Anau- Kingston: 126 kms.

17 Abril: Ahora mismo me encuentro desayunando. Me acabo de duchar y me he quedado en la gloria: otro día intenso. Al final no me levanté a ver el amanecer ayer noche, pues intuí que no se apreciaría bien. Pero cual fue mi sorpresa cuando en pijama me acerqué a la orilla y vi la inmensa luna que aún relucía encima de la montaña. El lago por el contrario ya recibía los primeros rayos de sol. Nos preparamos el desayuno y allí que nos fuimos, a las rocas, a disfrutar de como despertaba el día. Ya preparadas hicimos los últimos kms. antes de llegar a Queenstown, ciudad de la Aventura. Allí decidimos alquilar unas bicis para bordear el lago hasta Kelvin Heights. 24 kms. de vistas bonitas, pero bastante frío. Paramos a comer en un banquito uno de nuestros bocadillos. Una vez soltadas las bicis nos fuimos en góndola (el cable de toda la vida) hasta arriba de la montaña para ver la ciudad desde otro ángulo. Imaginaros el viento que hacía que algunas actividades como los karts y el bungy jumping estaban cerrados. Esa noche tocaba cargar las baterías de la furgo por lo que nos fuimos a un camping por 50$. Muy bien situado y con buenas insatalaciones. Ducha hirviendo y a cenar al sitio famoso de las hamburguesa: Fergburger. Deliciosas, pero gigantes, inacabables… ya sabéis, me sentó fatal. Pero sarna con gusto…

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Kms.: Kingston- Queenstown: 47 kms.

18 Abril: El día de hoy ha sido peculiar, así que os lo cuento de un modo diferente. Primero os enumero la serie de desavenencias que hemos sufrido como caravanistas: hemos perdido el bote común, con pocos $ pero la cartera con valor sentimental para María; han multado a María por ir a 120 kms./h cuando el máximo son 100; nos hemos tragado 90 kms. de más al habernos pedido y nuestra caravana nos ha dejado tiradas en lo alto de un monte en el observatorio de estrellas Mr. John, menos mal que una chica nos ha rescatado y la ha arrancado. Por otra parte las cosas bonitas, las que de verdad cuentan. El camino de Queenstown a Wanaka ha resultado más corto de lo que creíamos, hemos subido una especie de Puerto de montaña que nos ha dejado unas vistas preciosas, con la pena de que llovía bastante y había algo de niebla. Hemos parado en Wanaka a tomar café y mandar las primeras postales. Cuando hemos cogido la furgo hemos recogido a una pareja que hacía auto stop y los hemos acercado a su destino, hemos recorrido Lindis Pass charlando con la chica que era inglesa. Tras un largo camino hemos llegado a Tekapo y hemos alucinado con la imagen del lago y de fondo las montañas nevadas, de ahí hemos subido al observatorio de Mr. John, que aún sigo sin entender que cierre a las 17.00 y no nos dejen ver las estrellas; aún así hemos hecho un montón de fotos y nos ha salido el arco iris. Hemos bajado a Tekapo pueblo y nos hemos dado una vuelta, he mandado más postales y hemos vuelto a coger la furgo para hacer los 45 kms. al lago Pukaki. Espero despertarme mañana y ver el amanecer.

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Kms.: Queenstown- Wanaka: 67kms. Wanaka- Tekapo: 220 kms. Tekapo- Lost:   + 90 Tekapo- Pukaki: 45 kms.

19 Abril: Estamos a domingo pero paso a redactar el fabuloso día de ayer. A las 6.45 estaba despierta deseando que amaneciera. Al asomarme por la ventana intuí que esta vez sería especial, abrigo y a las rocas. A la izquierda me encontré el Mt. Cook nevado, en frente un lago con un agua maravillosa y a la derecha un montón de nubes de colores que escondían el sol que a las 7.15 conseguiría ver. Saqué fotos a cada cual más bonita, con colores naranjas y rosados de las nubes, turquesa del lago y marrones de las montañas. Impresionante, mágico, grabado en mi retina.

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Tras desayunar y montar el chiringuito, nos dirigimos hacia Mt. Cook. Como no, empezó a llover. Nos informamos de los trekking en el DOC y andamos nuestros primeros 45 min. para ver los Blue Lakes (que tienen el agua verde) y al Tasman Lake par aver los glaciares que apenas se divisaban. Nos supo a poco así que pese a la lluvia nos aventuramos a realizar otro trekking para ver el lago Hooker. 1,5 h. de caminata que se nos hizo dura por lo que jarreaba, nos pusimos de barro hasta las rodillas y yo de cintura para abajo totalmente calada; pero allí estaba la recompense a nuestro esfuerzo, un lago con placas gigantes de hielo. Nos hicimos fotos con un trozo en la mano, aún a tientas de que las manos murieran congeladas y vuelta a la furgo. Mi rodilla empezó a hacer estragos, me había puesto la crema pero no la rodillera, así que vuelta lenta. Empapadas, llegamos a la furgo y nos buscamos otro sitio donde colarnos y ducharnos. Calentitas y con el estómago lleno nos volvimos tranquilamente a Wanaka. A las 19.00 llegamos a este pueblecito lleno de vida y de bonitos bares. Nos tomamos la correspondiente sidra y buscamos sitio para cenar, como tardaron mucho en traernos la comida nos invitaron a cenar. Hice skype cn Bart, que ya necesitaba escuchar su voz y hablar con él y a buscar camping. Nos colamos con todo el morro, sacamos el tendedero y a dormir.

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Kms.: Pukati- Mt. Cook: 40 kms. Mt. Cook- PukaKi: 40 kms. Pukaki- Wanaka: 185 kms.

 

(Continuará)

Albergue juvenil: GRACIAS

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Fue duro tomar la decisión de abandonar esas cuatro paredes que tantos momentos me han brindado. Pero soy de aquellas personas que cuando toma una decisión, la toma con todas las consecuencias, sin mirar atrás y darle muchas vueltas si fue la mejor opción. Al fin y al cabo, la elección de un camino u otro, nos aporta nuevas aventuras, proyectos e ilusiones que seguro que tienen consecuencias positivas en nuestra vida.

Porque de eso se trata, de barajar las opciones, meditar (pero no mucho) y dejarse decidir por un último impulso o corazonada que te empuja a elegir el camino. Impulsos, esos que hacen que tantas veces me equivoque; impulsos, que hacen que haya vivido cosas con pasión y con intensidad; de los que me han hecho llorar pero de los que me dan vida y felicidad, esa que siento ahora mismo.

Se cierra una etapa. 3 años y 2 meses viviendo en mi estupendo ático de Ixelles, cerca de los lagos y de la bulliciosa Place Flagey.

Los mejores recuerdos que se quedan en el corazón de muchos de los que han pasado por ahí. Cenas en el interior, alrededor de una mesa, siempre con vino y comida con mucho mimo. Esa cocina con fuegos arcaicos que solo han sido capaces de cambiar el día antes de mi partida, pero los mismos fuegos que han hecho que desarrolle alguna que otra cualidad culinaria que hasta entonces se veía escondida por la comodidad de tener a aita y a ama siempre cocinando para mi. Fiestas de cumpleaños con los diferentes grupos de amigos, con tacones incrustados en el parqué. Confesiones, noticias en forma de bombas y risas, muchas risas. Una cama compartida con muchos corazones andantes, mi familia y mis amigos. Qué más se puede pedir?

Aperitivos en la terraza, aprovechando los días de verano. Con diferentes grupos de amigos. Pero siempre con buena compañía. O con mis hermanos, sobre todo con el peque que me dio esa alegría inmensa de estar unos meses conmigo. Ay Unai, que especial fue tenerte conmigo.

Unos cuantos han vivido una corta temporada en el albergue. Empezando por Seb, anterior inquilino, continuando con mi adorado Caco del que no era amigo y se convirtió en imprescindible, Mayte y su gracia gaditana, mis padrinos belgas Nacho y Juli, uno de mis grandes fans del blog Jesús Ángel y terminando con Belén íntima de Asier.

No voy a nombrar a todos los que habéis venido a veme. Pero, sois conscientes de lo feliz que me habéis hecho? Por gastar vuestro dinero en venir a verme, compartir vuestro apreciado tiempo conmigo, ofrecerme esos manjares ibéricos que tanto agradezco como expatriada. Cada uno de vosotros sois un pequeño tesoro en mi colección, sois tantos y de tan buena calidad.

Bendita soledad de la que he aprendido a disfrutar. Y a la que estoy segura de que ahora, en muchos momentos, voy a añorar. Mira que soy sujeto social y comunicador por los cuatro costados. Pero que bueno ha sido aprender a disfrutar de mi propia compañía, tener mis ratitos de silencio, mis copas de vino en frente del ordenador, mi madrugones mañaneros en biquini en la terraza, mi pena morena en los días grises y de lluvia.

Lo que viene será mejor, estoy segura, será interesante y traerá nuevos momentos inolvidables y nuevas anécdotas. Se cierra una ventana y se abre una puerta.

Seguiréis siendo bienvenidos a mi nueva morada, ahora compartida con una pareja amiga con la que estoy segura de que todo irá bien. Con los roces de la convivencia y con las complicidades que se irán creando.

Os espero pronto.

 

Pensamientos de una foodie, amante del vino y aventurera

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Vivir por impulsos y decidir llevar a tu hermano pequeño al restaurante del cocinero Jesús Ángel, recientemente nombrado Premio Nacional de Gastronomía, Aponiente, en el Puerto de Santa María, a disfrutar del chef del mar y de su visión particular de la gastronomía.

Comprar un vino especial porque vas a visitar a tus padres, o porque viene un amigo al que quieres agradar. Mandar a tu madre a comprar el último cava Valenciano para poderlo degustar o esperar con ansias estar en la Rioja alavesa para visitar bodegas.

Coger un avión y plantarte en el otro lado de la esfera terrestre para visitar a algún amigo y formar parte de su aventura. Leer libros de viaje y soñar en cual será el próximo destino, cercano o lejano que te alejará de todo y te acercará más a ti.

Involucrase, vivir, dar tú máximo, en todo lo que haces, en todo lo que sientes. Tanto que a veces duele, tanto que a veces te consume.  Pensar, reflexionar y detenerse, crear alarmas y hablar con quien mejor te comprende, sentir que puedes expresarte en el mismo lenguaje y no de idioma.

La vida te enseña, te adiestra. A no tropezar al menos en las mismas piedras, o al menos a no caer de la misma manera.

A veces pienso demasiado, mentira, la mayor parte de las veces pienso en exceso. Con lo que ello conlleva.

Una estación de metro y todo el mundo pendiente a un móvil. Claro es que me percaté de la situación porque mi teléfono se encontraba sin bateria, pues jamás me hubiera chocado si el aparatito hubiese estado cargado. Cada uno en su mundo particular.

La mayoría de los días me levanto sola, desayuno sola y sola me voy al trabajo en bicicleta. Trabajo, café con los compañeros, trabajo. Toca ir al gimnasio y camino sola, aunque allí me reencuentro la mayoría de las veces con mi amiga de sudores y unos cuantos asiduos a los pedales. Ducha y paseo a la oficina, sola de nuevo. Comer delante del ordenador y a seguir trabajando. Hora de salir de la oficina. Bicileta y hacer la compra, sola. O ir al cine, la mayoría de las veces también sola. Quedadas con los amigos, vinos, risas, confidencias. Fines de semana casi siempre llenos de planes y domingos de descanso, o de morriña, que para eso existen los domingos.

Felicidad es vivir la vida que quiero, la que estoy eligiendo vivir. Lejos de mi familia, de mis amigos y de muchas cosas importantes. Pero cerca de cosas que son vitales a mi entender. Además que he ganado una especie de familia aquí en esta tierra, que no la cambio por nada del mundo.

Es bonito o no? Porque a mi si me lo parece. Cada día me levanto con una sonrisa, pensando en que vendrá o que pasará. Que me deparará el día fuera de mis paredes de aislamiento.

La vida no deja de sorprenderme, la gente no para de ofrecerme y yo siempre aprendo un poquito más de mi.

Se lo que no estoy dispuesta abandonar. Lo que me hace falta igual o más que respirar.

En busca de un sueño

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Creo en la bondad de las personas. En que el hombre por naturaleza es bueno. Creo que si buscamos en lo más profundo de nuestro ser nos encontramos con un yo que intenta hacer las cosas del mejor modo posible. También es verdad que la influencian de otros, el egoísmo, la ambición en exceso y demás defectos aparcan esa bondad que tan necesaria es en nuestro mundo.

A veces pienso que incluso las acciones altruistas no tienen cabida en esta sociedad. O mejor dicho, que la recompensa a esa acción, aún desconociéndola a priori, es tan grande, que parece  que siempre se inició la acción para obtener algo a cambio.

Os cuento todo este rollo porque en este momento me encuentro llena de alegría y felicidad. Me encuentro con esa sensación que queda cuando has hecho las cosas bien.

Todo comenzó hace un año más o menos, cuando en el Diario Sur leí una noticia sobre una pareja de malagueños valientes que habían decidido emprender la aventura de dar la vuelta al mundo en auto caravana junto con sus dos hijos. A mi que este tipo de cosas me fascina, reaccioné de manera inmediata. Contactarlos y ofrecerles alojamiento en Bruselas en mi ya popular albergue juvenil.

Agradecidos me respondieron que en su trayecto inicial no tenían pensado pasar por la capital Europea cuna de las instituciones. Y siguieron su rumbo, y yo les seguía en su web Viviendo nuestra vida

Pero cual fue mi sorpresa cuando hace poco más de una semana me volvieron a contactar. Tras dejar su caravana en Brujas para que así llegara por barco a Canadá, pasarían casi una semana en Bruselas, hasta coger rumbo en avión a las Américas.

Encantada les ofrecí mi casa, la cual la mayoría sabéis no es un palacete. Pero la verdad es algo que ni yo ni ellos le dimos importancia. En mi salón con los sofás camas se apañarían sin problema, y así fue.

Llegaron a casa un jueves tarde y hoy miércoles se han marchado. Ha sido una semana intensa, de mucho movimiento, de tener la casa con mucha alegría con críos que sonríen cuando les ofreces un detalle y de que corretean todo el rato. El pequeño Noah es un glotón muy charlatán, es divertido y cariñoso. Aisha es una princesita, súper mona y educada, quiere a su hermano una barbaridad, lo cuida y lo trata de una manera envidiable, de las que pocas veces he visto entre hermanos que se llevan tan poco. Fleur es la mamá, francesa pero afincada en Málaga desde hace una veintena de años, es amanta del medio ambiente y de la buena alimentación, compartimos afición por lo bio y lo saludable. Fernando, el papá, se parece físicamente al protagonista de Rapunzel y a otra decena de actores a los que mi amiga Elena y yo le hemos encontrado parecido, amante del cine y de la cultura en general, me ha mimado a base de vinos, mi perdición.

Evidentemente no hemos pasado todo el tiempo juntos, pues bien es conocida mi independencia y también la libertad que sabía que debía otorgarles, pues su ritmo de vida difiere en estos momentos del mío. Pero hemos compartido cenas y desayunos, juegos con los niños y risas.  Hemos visto fotos juntos y les he dado muchas recomendaciones de la ciudad para visitar.

Su presencia en casa ha sido muy reconfortante, las molestias causadas han sido inexistentes. En cambio me llevo una lección de vida, una de las que yo intento poner en marcha cada día que pasa y que intento contagiar a mis amigos.

Busca tu felicidad, allá donde se encuentre, persíguela. No importan los tropiezos en el camino, las críticas recibidas, ni la dificultades. Merece la pena.

Gracias por hacerme un poquito más feliz. Nos vemos en algún lugar del mundo

Lombok y esos detalles que te roban el corazón

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La excursión para subir el Rinjani ya la llevábamos contratada desde Bali, confíamos en Mr. John para los 3 días y 2 noches que pasaríamos de trekking y durmiendo en tiendas de campaña.

Pues bien, nos recogieron en el puerto de Senggigi y nos llevaron en coche hasta el hotel donde pasaríamos la noche antes de comenzar la aventura. El día se terciaba nublado, y la temible tormenta se abalanzó en nuestras cabezas mientras comíamos. Resignación y siesta, pensó Caco, mientras yo me quedé charlando con algunos de los trabajadores de la empresa. Lo bueno de las tormentas tropicales es que llueve mucho pero en poco rato, por lo que a las dos horas, cuando escampó, convencí a un chico para que nos llevara a las cascadas. Alibudín, un chico risueño de 18 años sería nuestro guía. Mientras nosotros llevábamos chanclas y chubasqueros, él iba descalzo pues conocía muy bien el terreno. cascadaCaminamos alrededor de 35 min., hicimos algunas fotos y llegamos a una bonita cascade de unos 20 mts. donde nos dimos una ducha con mucha presión. De vuelta al hotel con este chico tan simpático que no paraba de sonreir. Ducha, cena, y de camino a la habitación, una imagen que se queda grabada en mi retina. Es Alibudín, en su saco de dormir, en un techadillo, nos da las buenas noches, le respondemos, y entramos en nuestra habitación, un habitáculo enorme donde sobran muchos metros. A un lado, aire acondicionado, comodidad, lujo, espacio… Al otro lado de la puerta, con tan solo un giro de muñeca para abrir la manivela, un joven trabajador que duerme de aquella manera. El mundo se me viene abajo, mi vida perfecta llena de comodidades de repente me parece una miseria. Este chico no muere de hambre, tiene un trabajo y como me intenta convencer mi amigo, probablemente duerma allí porque trabaje al día siguiente y su familia esté lejos. Me derrumbo, y me pongo a pensar. Vivimos en un mundo con grandes diferencias, un mundo donde hay realidades muy duras que afrontar. Podría girar la cara y obviar este tipo de situaciones incómodas, pero me niego a dejar en el olvido de mi consciencia lo afortunada que soy y lo poco que tengo derecho a quejarme la mayoría de las veces.

Primer día de trekking. Nos recogen a las 7.00 de la mañana para dejarnos en Senaru y comenzar la andadura. Nos encontramos a 600 mts. de altitud y nos acompañan Aman, nuestro guía y como portadores (de tiendas de campaña, utensilios de cocina, comida y bebida) Suma y Suka. Comenzamos la subida, con paradas, explicaciones sabias de Aman, y alguna que otra foto. Hora de comer, y en un momento estos tres chicos se ponen en acción para deleitarnos con un suculento plato, llenamos nuestros estómagos y a continuar. Llevamos buen ritmo, y hacemos pocos descansos. Tras un último tirón muy duro, en el que tengo que utilizar mis manos para subir y el trekking se convierte casi en escalada, nos alzamos con el premio al esfuerzo: la llegada a los 2641 mts. de altitud y el avistamiento del lago Segara Ana que rodea unos de los jóvenes volcanes al que de vez en cuando le da por erupcionar. Divisamos el atardecer, cenamos una sopa exquisita y entre conversaciones en la tienda metidos en los sacos se nos cierran los ojos.

amanecerNos levantamos temprano para ver un bonito amanecer protagonizado por nuebes que rodean el volcán. Cogemos energías con otro gran desayuno y nos ponemos en marcha para bajar hasta los 2000 mts. donde se encuentra el lago en el que nos damos el riguroso baño. De ahí a las termas, a relajarse y mimar la piel. Que bueno es eso de tener contacto con el agua y de tener la oportunidad de medio lavarse. Aunque luego de vuelta al campamento base nos callera una tromba de agua. Recuerdo esta noche con bastante cariño. Tras la cena, y el tradicional te que nuestros ya amigos nos ofrecían con bastante frecuencia, el frío se apoderó de mi cuerpo. Me faltó un minuto para decirlo y tener una hoguera hecha en la que los 5 nos sentamos alrededor, conversamos animadamente y aprendimos algunas palabras en indonesio. volcanEstos chicos, a cada cual más trabajador, tienen una mirada especial, una capacidad de sonreir espectacular y en poco más de 24 horas, les había cogido un cariño tremendo.

El último día, se terciaba el más fácil de los 3, bajar lo subido el primer día. Una porra! No era solo que tuviera unas agujetas impresionantes, sino que mis rodillas empezaron a fallar, especialmente la derecha. Bajaba lento, con mucho dolor, que se agudizaba por momentos. Llantos de impotencia se apoderaban de mi, que con orgullo y resignación no dejaban que parara un segundo para seguir caminando. En una de los descansos, una venda compresora que alivió el dolor por poco tiempo. Y para más inri la lluvia, que se arrimó a nosotros las últimas tres horas. Señores, muy duro, mucho sufrimiento. Que os diga el amigo que tuvo que aguantar bajar a un ritmo de tortugas. Pero lo conseguimos, si señor.

Y del sufrimiento a la gloria, tras la ducha y una aventura acompañada de ritual infantil, cogimos el barco local para el merecido descanso.IMG_20130518_154436[1]

Indonesia: Bali

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Aunque no lo publicaré hasta mi vuelta, es la primera vez que empiezo a escribir desde el viaje, pero nos encontramos en Lombok, descansando para lo que serán tres díasd e duro trekking para ver el lago Segara Anak y los volvales Baru y Rinjani. Pero eso ya os lo contaré más adelante, que ganas de empezar a caminar.

Llegar a Bali fue duro, dos escalas y una de ellas con 6 horas de espera, mucho cansancio, pero muchas ganas de encontrarme con mi amigo Caco al que no veía desde hacía meses. Yo estaría con él los primeros diez días de los dos meses de su aventura que acababa de comenzar. Pero eso ya os lo cuenta él con todo tipo de detalles en Mis rincones del mundo.

A la llegada del aeropuerto me esperaba un conductor para llevarme al hotel. Me quedé patidifusa por el tráfico y la cantidad de motos que de una manera salvaje circulaban. Tardamos más de una hora y media en recorrer no más de 35 kms., pero allí estaba mi amigo, cerveza en mano, charlando con una pareja. Como llegaba tarde, habían pedido comida a domicilio, la esperamos, me contaron su primer día de aventura en la isla. Bañito nocturno en la piscina y a tener dulces sueños.

Nos levantamos temprano, nos zampamos un buen desayuno y con la pareja americano-colombiana, cogimos las motos para encontrarnos con unos amigos de esto. Que divertido y a la vez estresante es eso de ir entre coches, motos, por la acerca y en el sntido contrario ¡Si mi madre nos hubiera visto! Recogimos al resto y a la playa que nos fuimos. Balangan resultó ser una playa muy bonita, de arena blanca y con unas olas espectaculares para los surfistas guapos. P1030973Nosotros nos bañamos y charlamos con nuestro nuevo grupo de amigos; una alemana, un francés, un suizo, tres indonesios, la colombiana y la americana. Fue muy divertido. Comimos frente al mar, y caminamos hacia una calita. Decidimos ver el atardecer en Blue Point beach, que por la cantidad de nubes no resultó ser tan espectacular. Había que aprovechar que estábamos con locales para ir a cenar a un sitio local a Denpasar, donde disfrutamos de lo lindo con platos deliciosos y picantes por menos de 3€.

A la mañana siguiente me animé a probar el desayuno típico de la isla, pancake de plátano con un puntito de miel, acompañado por zumo natural de sandía, sabrosísimo. Nos tocaba movernos de zona, Ubud, ciudad cultural, de templos, galerías de arte y arrozales. En nuestro nuevo hotelito dejamos las mochilas y nos alquilamos unas bicis para acercarnos al templo de los monos, famoso entre otras cosas por la peli de Eat, pray, love. El entorno es una pasada, con mucha vegetación y unos templos muy currados en piedra. Luego está el tema de los macacos, muy divertidos para Caco, demasiado agresivos y sabiondos para mi, te perseguían y te intentaban abrir la comida si intuían que llevabas bananas. Después de la visita, con las bicicletas, como dos motivaos, nos fuimos a comenzar una ruta recomendada de 8 kms. para ver los arrozales, pero el querido dependiente nos había timado, el trekking había que hacerlo a pie. En el camino nos encontramos a decenas de adolescentes enamorados, que bonito esto de la primavera para los que lo viven con esa intensidad hormonal. Nosotros a lo nuestro, caminito para arriba, algo más de 2 kms. hasta llegar a lo más interesante, un bar con vistas a los arrozales. El lugar me pareció super especial y lleno de paz y calma, con unos miradores estupendos a los campos de arroz, nos hidratamos con unos zumos naturales. P1040019Algunas fotos y relax para seguir avanzando el camino del que poco hay que destacar, aparte de los locales tan risueños que nos encontramos. Sudados como dos pollos de corral, nos fuimos a ducharnos y a ponernos monos, tocaba cenita y masaje balinés, relajante y barato, no se puede pedir más.

Cambio de localización, a descubir el este de la isla. Decidimos acomodarnos en Padanbai, el pueblo desde donde salen los ferrys, nada del otro mundo, pero perfecto para nuestros planes. Volvemos a alquilar una moto y tras dos horas de camino interminable, con dolor en el culo, molestias en la espalda, etc., llegamos a Tulamben, donde un barco llamado Liberty se hundió durante la Segunda Guerra mundial. Es hora de hacer snorkle, que ganas, y ahí que nos zambullimos los dos, con un cielo que asoma gris y una visibilidad prácticamente nula. Vaya fracaso, y encima, se pone a llover, a comer toca pues. Cuando la lluvia paró, continuamos nuestra andadura a dos ruedas hacia el sur, en busca de una de esas playas que catalogan como paradisiaca. Tras unas cuantas vueltas de más, la encontramos, Pasir Putih, que no defrauda. Caco se baña y yo tomo algunas fotos, el sol apenas pega pues esta atardeciendo. Vuelta a nuestro hostel donde conocemos a los managers que lo rejentan y a dos chicas canadienses, un alemán y un holandés, y a cenar que nos vamos juntos. Un sitio modesto donde la comida resulta bastante sabrosa y donde al lado tocan música en directo, nos anímamos y la noche se alarga, surgen las buenas conversaciones y las risas.

Nos apetecía movernos poco, descansar, tomar el sol, nadar un poco… Por lo que nos quedamos en una playita muy diminuta al lado del hostel. White Sand beach cuenta con un par de chiringuitos locales. La marea está alta y algo agitada, olas grandes que invitan a meterse dentro del agua y saltar, jugar, relajarse… Un poquito de toalla y relax, música de fondo y a disfrutar. Pero llega la hora temida, la de la tormenta, y en consecuencia la de la cómida. Cuando amaina un poco decido meterme en el agua, la temperatura es ideal, por lo que da igual que llueva. En el hostel tenemos una masajista super simpático, que durante una hora, y por tansolo 3€, me deja super relajada. Así da gusto. Cenita en otro restaurante y juegos de cartas. Sin olvidar que mi querido amigo me echó anti mosquitos en la boca y por poco me ahogo, menos mal que soy invencible 😉

P10400715 de la mañana, suena el despertador, con los ojos medio pegados nos vestimos y nos vamos a la playa, toca ver el amanecer, que resulta ser precioso, tonalidades naranjas en el cielo, mezcladas con nubes y el encanto del mar que dejan una estampa de las de recordar. Ya espabilados nos vamos a desayunar y a cerrar las mochilas, toca cambiar de isla.

Nos vamos a Lombok.

Australia rocks mate!!!!

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Aunque la mayoría conocéis mi afición por viajar, conocer nuevos lugares, culturas y gente, he de reconocer que Australia no estaba en mi lista de próximos destinos. La cosa cambió cuando mi amiga Marga me comunicó su nuevo rumbo con su adorable Jose y evidentemente esa lista de prioridades cambió radicalmente. Será el síndrome del expatriado, unido a esas hambres locas de descubrir el mundo en el que vivimos, pero entiendo que a los que vivimos en la distancia la visita de los seres queridos es como un chute de vitaminas. Es por ello por lo que siempre que las condiciones me lo han permitido, he intentado e intento visitar a todos aquellos que me importan.

Mi acompañante de nuevo sería Blanca, por lo que la diversión y la complicidad estaría asegurada, es lo bueno de viajar con una de las mejores.

Primera parada, MELBOURNE, y el recibimiento en el aeropuerto que aduana le hizo a mi amiga, preguntas, control exhaustivo y nervios. Tras pasarlo sin grandes problemas, la verdadera acogida de nuestros amigos, con pancarta incluida. For fin, tras un largo viaje, nos encontrábamos en Down Under.

La ciudad vista desde los ojos de nuestros amigos que han encontrado la felicidad en este lugar increíble, de callejuelas pequeñas con grafitis, de cafeterías con encanto y de influencia asiática. Donde las iglesias no tienen más de 200 años y donde los locales hacen un alto en su vida para contarte peculiaridades de la ciudad. Un lugar donde los jubilados deciden hacer voluntariado y actuar como excelentes guías turísticas de una ciudad que vive inundada de festivales y eventos. Caminar a 28 graditos por el CBD, mientras te topas con rascacielos, pasear a la vera del río Yarra y sorprenderte por la cantidad de gente que está haciendo deporte. Desde luego que la ciudad invita a calzarse las zapatillas y darle al cardio.P1030098

Pasamos 3 días en la city, de paseos, visitas y risas. Caminamos por el jardín botánico, nos asomamos al festival de la gastronomía y del vino, nos sentamos en terracitas a beber  sidra de manzana y pera (menudo descubrimiento) y llegamos a avistar animales un tanto extraños como posums y mini pingüinos. Disfrutamos de la gastronomía, como no, con sushi rolls, comida china, mexicana… pero sobre todo, un restaurante vegetariano delecioso, Vegie Bar.

GREAT OCEN ROAD, era nuestra próxima aventura en caravana. Una experiencia 100% recomendable y divertida. Viajar en caravana te otorga una sensación de libertad difícil de alcanzar cuando se viaja con diferentes medios. Parar en las playas para darse un baño, detenerse en los miradores para sacar algunas fotos, admirar el atardecer con locales que te invitan a tu casa a ducharte y a beber copas, cenar en la playa, con barbacoa, a la luz de las estrellas en un marco exclusivo sabiendo que la cama está donde quieras tú, es una delicia.P1030293

Nuestro recorrido de 3 días fue espectacular, el tiempo nos acompañó y el itinerario marcado por Jose hizo que viéramos todo al dedillo. Empezamos por el pueblecito donde empieza la ruta, Tourquay, lleno de tiendas de surf; continuamos hacia la espectacular Bells beach y después Lorne con ese atardecer impresionante. Al día siguiente nos embarcamos en la aventura a nado a Marengo reef, donde intentamos divisar las focas, subimos el famoso faro de Cape Otway, y nos topamos con decenas de koalas en un frondoso bosque de eucaliptos, pero sobre todo, alcanzamos los 12 apóstoles, una de esas maravillas que nos brinda la naturaleza. Además esa noche logramos encontrar unas duchas medio en condiciones (con agua fría) y charlamos, sobre todo yo, con otro grupo de europeos que iba en caravana. El último día y el trecho final hasta llegar a Warrnambool, el final de la ruta y un camino de vuelta a Melbourne, que se hizo largo, muy largo.

A la mañana siguiente madrugamos para coger un vuelo a SYDNEY. Nos hospedamos en un hostel de los cutres, pero cutres, cutres. Y tras soltar las maletas, nos fuimos a comer a un lugar imprescindible, Harry the Wheel, unos perritos calientes irresistibles, con beans y puré de patatas con guisantes. Seguimos nuestra ruta y nos adentramos en el jardín botánico, a pie de mar, en una de las multitudes lenguas que forman parte de esta ciudad, con el objetivo de divisar desde lejos el más espectacular edificio que sin exagerar creo, posee Australia, la Opera House. De allí nos dirigimos a Circular Quay, boca de ferrys y nos encontramos con Pilar y unos amigos, a la que estábamos deseando conocer, pues Marga nos había hablado mucho de ella. Juntos nos dirigimos a la parte de vieja de la ciudad, para pasear, tomarnos unas sidras en un roof top y ver el Queen Victoria building, acabamos en Darling Harbour, donde presenciamos los fuegos artificiales mientras cenábamos.

Al día siguiente, vestidas de playa, nos dirigimos a Bondi Beach, admiramos a los surferos, y tras tomar un rato el sol, empezamos el paseo de 7 kms hasta Cogie beach. El paseo está lleno de escenarios rocosos, pequeños acantilados, piscinas naturales y artificiales y de nuevo, gente haciendo deporte. Tardamos bastante en llegar hasta la última playa, fotos y baños para refrescarnos eran necesarios. La sorpresa fue al aproximarnos a Cogie, pues escuchamos de lejos un altavoz que decía que todo el mundo debía salirse del agua, el motivo? Había un tiburón, de película! Cansadas, pero con hambre, optamos por cenar en el barrio de Kirribilli, al otro lado del Harbour bridge, en un pequeño tailandés donde la comida nos supo a gloria. Paseamos un buen rato, era de noche y desde el otro lado, la Opera House, se veía impresionante. Recorrimos el puente, entre risas y confidencias y de ahí, caminamos a nuestro cutre hogar.

Último día para Marga y Pilar en Sydney, por lo que la visita a los interiores de la Opera House se tornaba imprescindible. Sin palabras, una magnificiencia, de estas cosas que te ponen los vellos de punta y te saltan las lágrimas. Menos sentimentalismo y a Manly beach, a divisar dragones de agua y a descansar en una playa paradisiaca, de las más bonitas a mi parecer. Barbacoa de carne de canguro, como no y heladito rico. Vuelta a Sydney y tras un último paseito por Hyde Park, a despedirnos de nuestra Margarete hasta dentro de unos días.P1030490

Cogimos el tren temprano a BLUE MOUNTAINS, y tuvimos tiempo de descansar, pues el camino duraba alrededor de 3 horas. Directamente fuimos al hostel, esta vez de ensueño, en la montaña, con mucho encanto y una dueña peruana de lo más simpática. Nos echamos la mochila a los hombros y nos lanzamos a caminar, comenzando por el Echo point, donde se encuentran las Three Sisters. Recorrimos unos 12 kms. que resultaron ser bastante duros por la cantidad de escaleras que nos encontramos, pero estar en plena naturaleza, ver las cascadas y escuchar los pajarillos hizo que mereciera la pena. Esa noche decidimos hacer vida en el hostel, jugar a las cartas, cenar ensaladita con salchichas y charlar con otros jóvenes que se hospedaban allí.

El segundo y último día en las montañas, decidimos hacer otra ruta pero mucho más tranquila. Mi rodilla se pronunciaba, y no era plan de machacarla pues todavía quedaba mucho que vivir allí. Cogimos el Cableway para bajar al bosque y subir y después el Skyway con un techo de cristal y unas vistas impresionantes. Finalmente volvimos a Sydney hacia el mediodía, con un claro objetivo, montarnos en el Thunder Jet Boat, una especia de lancha montora que durante media hora no para de dar botes, loopings y curvas mientras se divisan los paisajes de la ciudad, muy divertido.

Vuelo al día siguiente a CAIRNS con la ilusión de hacer snorkle en la barrera de coral. La excursión ya la habíamos reservado desde casa y no defraudó. Un barco nos condujo hasta alta mar donde nos sumergimos en aguas templadas y disfrutamos de lo que se puede ver bajo el agua: tortugas, peces de colores y el famoso pez payaso Nemo. En un total de 5 horas nos llevaron a 3 diferentes sitios de la barrera de coral, y nos sirvieron una comida muy rica con alimentos de todo tipo y para todos los gustos. Conocimos a un chico griego con el que luego compratiríamos barbacoa y reservamos nuestra excursión de rafting extremo para el día siguiente.

Madrugamos como nunca y nos recogieron en autobús. Tardamos un buen rato hasta llegar al nacimiento del río, embadurnarnos en crema protectora, ponernos el chaleco salvavidas y recibir nuestro remo. Nuestra barca estaría formada por un inglés afincado en Finlandia, 2 suecas de gap year en Australia y nuestro guía australiano, un señor muy divertido y aventurero. Tras recibir algunas instrucciones y consejos, comenzamos el descenso del río Tully, que resultó ser precioso, pero sobre todo resulto ser divertido. Los desatinos de Blanca al gritar ciertas advertencias, mis 20 min. de rigor para pensarme si tirarme al agua desde 8 m. y los ataques repentinos de nuestro guía de tirarnos al agua hicieron que este se convirtiera en una de las mejores aventuras jamás vividas.DSC_0323

El último día en Cairns decidimos alquilar un coche para acercarnos a Port Douglas y ver el mercadillo. Cual fue nuestra sorpresa cuando desde lejos divisamos los canguros, teníamos que verlos sin falta a la vuelta. Después de saborear un delicioso zumo y tomar algunas fotos nos acercamos, ya en el camino de vuelta, a Ellis beach. El sol pragaba como nunca y bañarse solo estaba permitido en una pequeña zona, pues por lo visto había cocodrilos, si amigos, en el mar. No aguantamos mucho tiempo, pues nos estábamos asfixiando, por lo que decidimos y en busca de los canguros; vimos la variedad wallaby, más pequeños, pero igual de saltarines. Y ya nos fuimos contentas al lago artificial de Cairns, a pegarnos el último chapuzón antes de coger el avión.

Vuelta a MELBOURNE pues no podíamos irnos sin volver a pasar un par de días con nuestra amiga, gracias a la cual nos embarcamos en esta aventura de 20 días. Día de  paseo y compras por la ciudad, de reencontrarnos con los amigos de nuestros amigos  y de sidras en otro roof top. Culminamos con cena y heladito en Acland street.

A la mañana siguiente, Marga trabajaba, por lo que nos fuimos con Pilar a Brighton beach, una playa muy divertida con casetas de colores. Volvimos a la ciudad y a dar nuestro último paseo, antes de encontrarnos con Marga y tomarnos el último cafelito de rigor juntas. Recordamos lo pasados en estos días, hablamos de nuestros sueños, de nuestros amigos, de la vida.P1030941

Y vuelta a casa con una sonrisa de oreja a oreja.

Viajar es el único placer que puedes comprar que te enriquece más.

Ellos son así

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Dos chicos fisícamente opuestos e intelectualmente enfrentados.

Uno es alto, esbelto, con cuello de cisne y cabellos que tienden a rubio cuando los rayos del sol malagueño aprietan con fuerza. Con un estilo muy definido y arrebatador, cualquier cosa que se pone le sienta bien, porque sabe vestirse de los pies a la cabeza. Todo parece estar hecho a su medida. A pesar de entrar en la veintena, su voz dulce y sus carantoñas me hacen pensar en aquel niño de pelo rubio y rizado, regordete y risueño, que era con apenas 6 años, el muñequito de la casa. Ahora es un hombrecito decidido, valiente como los verdaderos caballeros, de esos que ya no quedan. Un chico con carácter y con mucha personalidad. Con afán de superación. Entregado a su cofradía y a esos amigos que son su camarada. Solidario y buena persona. Sincero en la máxima expresión de la palabra. Amante del arte en sus distintas expresiones, nunca vi a alguién desde tan pequeño leer tantos libros de arquitectura. Inteligente hasta la médula, consigue lo que se propone, aunque le cueste. Es mi hermano pequeño. Unai

El mediano es bajito, moreno, con una cara muy entrañable y un humor de los que paralizan las conversaciones de la sala. Su naturalidad es su baza, con sus amigos y su familia. De mente analítica y carácter crítico, es un hombre de actualidad, capaz de recomendarte buena música, geniales blogs y mejores revistas. Amante y defensor acérrimo de la bicileta, lo que demuestra su capacidad de superación, cualquier adversidad es poca para él, y rendirse para llegar a la meta deseada no es algo que pase por su cabeza. No he conocido a nadie que sepa explicarme términos económicos de una manera más clara. Es el amigo divertido, el hermano que todo el mundo quisiera tener. Brillante sin que lo parezca, gana a cualquiera a la hora de debatir. Independiente, con un gran mundo interior, su personalidad es abrumadora. Es mi hermano mediano. Asier

Los dos aman Donosti, las buenas comidas y el buen bebercio. Amantes de la vida y del disfrute, han mamado la cultura del viajar y conocer nuevos horizontes. Dos gotas de agua antagónicas.

Es el mejor regalo que mis padres decidieron otorgarme como hija mayor. Tener hermanos, teneros a vosotros.